Cierta vez estaba mirando como tiernamente dormían los niños del orfanato que habían perdido a sus padres en un desastre, comprendí cuanto estos padres amaban a sus hijos al grado de que dieron sus vidas por esas pequeñas criaturas, del mismo modo pensé yo y dije dentro de mi que daría todo por su felicidad incluso vender mi alma al diablo, al dejarlos descansando salí al patio y vi que se acercaba un joven, por su aspecto físico creí que era uno de mis amigos y me cercioré de esto cuando me llamó por mi nombre pero cuando me dirigía hacia él se marchó al instante así que corrí tras esta persona pude ver que dobló la cuadra y entró en la escuelita de la esquina lo seguí y estaba de espaldas tenía una capa de color oscuro por lo que se me hizo raro que uno de mis amigos salga vestido de tal manera, le hablé y nuevamente mencionó mi nombre diciendo -vamos Saeta vamos-, le pregunté quién era y se dio la vuelta por fin vi un hermoso hombre de facciones casi perfectas, sus ojos no los había visto en otra parte y creo que nunca los volveré a ver en este planeta, la verdad es que me engatusó con su hermosura y quise irme con él, pero a tiempo reaccioné dándome cuenta de que se trataba de alguien maligno que quería apoderarse de mi alma, le grite fuerte y puse resistencia, entonces se enfureció y provocó una tormenta de unos segundos. Yo solamente me sostuve como pude sin bajar la mirada cuando en ese instante ese hombre tan hermoso se convirtió en una especie de pájaro negro y desapareció volando entre la tormenta. Cuando esto sucedió todo se puso en calma otra vez, volví a ver a mis niños que estaban a salvo, y me prometí que nunca volvería a dirigirme de esta manera, pues si quería ver la felicidad de esos niños no podría experimentarlo estando lejos de ellos y tendría en cambio un infeliz destino (pues no puedo llamarle vida y no se si es muerte) a lado del maligno en el infierno.
sábado, 12 de septiembre de 2009
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