África es tan Grande pero a la vez tan pobre que el único transporte más moderno que teníamos cuando yo era niña se trataba de un tren que ya estaba un poco viejo, en esas mismas condiciones se encontraban los rieles por donde este pasaba cada día. Cierta vez me encontraba de regreso a casa caminando por las rieles del tren que se dirigían justo en dirección a ella, ya había recorrido varios kilómetros de la escuela hasta ese lugar y me sentía muy cansada, me dolían mucho los pies y los ojos ya se me cerraban que casi no los podía abrir por el sueño. Por el cansancio no me había percatado de que venía por mis espaldas el tren y como si algo me hubiera hablado diciendo: -¡despierta!- abrí los ojos y reaccionando pude escucharlo a menos de 50 metros y al encontrarme en la puerta del largo y oscuro túnel empecé a correr hasta que tropecé y caí de frente, mi salvación fue un pequeño poso de agua estancada bajo las rieles, pensé rápido y me sumergí en él cuando en menos de 3 segundos pasó sobre mi el tren. Fuera del agua sucia lo único que quedó fue mi rostro y mientras me sostenía del las paredes fangosas del poso quede atónita mirando los fierros en movimiento que pasaban por encima sin hacerme daño alguno, que suerte tuve aquel día.
sábado, 12 de septiembre de 2009
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