sábado, 12 de septiembre de 2009

Feroces

En otra ocasión venía también solitaria de la escuela y tenía un presentimiento, sentí que debía apresurarme a llegar a casa; ya no faltaban más que una estancia y ya me acercaba a ese gran árbol que tanto me da miedo por tener una sombra tan oscura que me hace correr desesperadamente, por el susto no me fijé que al otro lado del árbol había una tropa de toros salvajes a los cuales les llamé mucho la atención. Mi corazón latía a mil por hora y lo único que se me ocurrió fue seguir corriendo sin parar pero guardando mi espalda, lo peor es que me seguían muy bravos, me parece que querían despedazarme cuando amenazaban con sus cuernos y sus filudos dientes haciendo golpear con brutalidad sus sucias pezuñas. Por fin llegue a casa pero eso no me consuela porque todo estaba descubierto y no había nadie cerca para auxiliarme, no pude llegar a mi hogar para refugiarme, al mirar nuevamente atrás vi a uno de los toros ya muy cerca de mí y en la desesperación encontré un rinconcito oscuro bajo las raíces de un árbol de la estancia donde me escondí y no tuve mas remedio que quedarme esperando sola rogando para que los feroces me dejaran de molestar y se fueran para poder salir de ahí.

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