Una vez mi familia y yo nos encontrábamos de compras, de pronto escuchamos la alarma de alerta en el pueblo, todas las personas estaban corriendo de un lado para otro, desesperadas de no saber qué era lo que sucedía. Unos hombres de blanco nos sugirieron que subamos a un vehículo de color blanco también, pero al ver que muchas personas eran forzadas a hacerlo sentimos miedo y escapamos para buscar nuestro automóvil, en él emprendimos la huida que pronto se convirtió en persecución. Nos alejamos tanto de la casa y llegamos a un barrio humilde donde había mucho monte y nos escondimos ahí, también llamamos por celular al resto de nuestra familia para encontrarnos y estar juntos en caso de que sucediera algo malo a alguno de nosotros. Pero olvidamos completamente la comida y la leche de la pequeña, así que tuve que salir del escondite y buscar en alguna de las casas un poco de agua y comida, supe que todavía quedaban personas pues cuando entraba a una de las casas salió un niño de unos ocho años que me preguntó si necesitaba algo, dentro estaba su mamá quién le facilito todas las cosas que yo le pedí para alimentar a la bebé, pero me sorprendió que ellos estaban tan tranquilos ante la confusión que sucedía en el pueblo y aún para mi familia. No paso mucho tiempo cuando oí más cerca el vehículo que nos quería llevar, le dije al niño y a su madre que vengan con nosotros y escapen de aquella persecución por la que ya habíamos pasado horas antes, pero el niño muy tierno y calmadito me dijo suavemente de esta manera: -¡no!, no iremos con ustedes porque ya nosotros estamos preparados para esto y siempre estuvimos preparados sabiendo que este día llegaría en cualquier momento-. Antes de que me vean los hombres vestidos de blanco salí corriendo de ahí sin entender lo que el niño me había dicho pues nunca me imaginé que eso pudiera sucederme alguna vez.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario